Bárcena Mayor, en la comarca del Saja, valle de Cabuérniga, Cantabria, fue declarada conjunto histórico-artístico en 1979.
Su valor está en ser un grupo muy homogéneo de arquitectura rural en buenas condiciones de conservación (casas, lavadero, cuadras, socarreñas, hornos de pan... ).
Como elementos constructivos destacan la madera, el sillarejo y la teja. En la actualidad recibe gran afluencia de visitantes a lo largo del año. Para visitarla es preciso estacionar el vehículo en el aparcamiento construido a la entrada, pues el paso sólo está permitido a los residentes. No obstante es de agradecer, pues pasear por sus empedradas calles observando con detalle fachadas, solanas y escudos, así como elementos bien conservados como lavaderos, cuadras, socarreñas, hornos de pan… es una experiencia difícil de olvidar.
Situado en la comarca del Saja y en el término municipal de Los Tojos, a 62 Km. de Santander, conecta el valle de Cabuérniga y la comarca del Saja.
Bárcena Mayor se encuentra al pie del río Argoza, primer afluente importante del Saja. Esta aldea es el caserío mejor conservado del municipio ( así como uno de los mejores de Cantabria ) y el ejemplo más singular y casi milagroso de lo que fueron nuestros pueblos serranos en otro tiempo. Fue posiblemente enclave visigodo y foramontano y por tanto, es uno de los pueblos más viejos de Cantabria.
Pueblo de ganaderos y pastores, tuvo también una industria casera en la fabricación de aperos de madera ( carros, bieldos, arados, etc... ) que exportaban a Castilla. Se sabe que en el siglo XII ya contaba con un hospital para atender a las gentes que hacían la ruta hacia Castilla para repoblarla. Sus calles estrechas y empedradas se bordean de casucas humildes, pero llenas de un sabor rural muy viejo y hermoso.
Solanas casi desvencijadas con enormes tejaroces, socarreñas enmarcadas con gruesas y toscas vigas, muros pobres de mampostería, hornos de pan... En las cuadras se vislumbran vacas tudancas y cabras negruzcas.
La iglesia está en el centro del pueblo, es humilde, del siglo XVII. Todavía puede oírse el choque de la albarca sobre el empedrado de las callejuelas. Puede uno asomarse al puente, que salva el Argoza, para ver el agua limpia y transparente de este río. Más allá están los montes de robles, hayas y abedules que forman el incomparable paraje de la Reserva del Saja, habitan especies protegidas como el urogallo y el oso.
La piedra y la madera, tan abundante y rica en la zona, se funden en una creación sobria, repleta de historia y colmada de encanto.
Atravesando el pueblo y siguiendo un camino, a un kilómetro, llegamos a un área de descanso y acampada conocida como "Llano Castrillo", junto al río Argorza.
Para estrechar el contacto con la naturaleza, recomendamos recorrer desde aquí el sendero de Fuente Clara (un magnífico itinerario de 15 kilómetros de longitud).
La gastronomía de la zona se basa en el cocido montañés, la caza mayor y los peces de sus ríos.
En todo el valle trabajos en madera de haya, castaño y avellano, realizándose abarcas (zuecos) o jermosos (recipientes para la leche) en Bárcena Mayor.
Habitan especies protegidas como el urogallo y el oso.
El municipio de Los Tojos, con una superficie de 90 km2, se sitúa en la parte alta del valle del Saja, río al que presta su nombre uno de los pueblos del término. Limita con Ruente y Cabuérniga por el norte y noroeste; con la Mancomunidad de Campoo-Cabuérniga por el suroeste; con la Hermandad de Campoo de Suso por el sur; y con Bárcena de Pie de Concha y Arenas de Iguña por el este. Los 424 habitantes con que cuenta se distribuyen en cinco núcleos de población: Bárcena Mayor, Correpoco, Saja, El Tojo y Los Tojos.
En 1998 se creó el Parque Natural Saja-Besaya, ocupando 24.500 ha, con el objetivo de preservar los valores ecológicos y naturales de las cuencas medias y altas de estos dos ríos. La mayoría del territorio del municipio de Los Tojos forma parte de él, siendo Bárcena Mayor el único núcleo poblacional incluido dentro de sus límites. La gran riqueza faunística del término ha supuesto que este enclave pertenezca también a la Reserva Nacional de Caza de Saja y, en parte, a la Zona de Especial Protección de Aves de las sierras del Cordel y cabeceras del Saja y Nansa.
A pesar de la marcada tradición ganadera de la zona, hoy en día la mayor fuente de riqueza del municipio es el turismo, atraído, además de por los valores naturales, culturales y patrimoniales, por una gastronomía que basa sus platos en recetas de caza.
En época romana, el territorio del municipio de Los Tojos se encontraba en zona de paso de una de las vías secundarias de comunicación que conectaba el valle de Campoo con el de Saja por el collado de Somahoz y el puerto de Palombera, ramificándose antes de llegar a Valle, capital del municipio de Cabuérniga, para llegar al Portus Vereasueca (San Vicente de la Barquera) y al Portus Blendium (Suances). Posiblemente la vía contase con dos ramales, uno que ascendía pasando por el núcleo de Los Tojos y el otro por el de Bárcena Mayor.
En la Alta Edad Media, se ubicaban aquí los tres concejos más meridionales de los diez que formaban el valle de Cabuérniga (o Kaornega en la documentación de la época), uno de los de la Merindad de las Asturias de Santillana.
Si bien algunos documentos altomedievales hablan de las gentes de este lugar como repobladoras de Castilla, las citas más antiguas sobre los centros religiosos, iglesias y ermitas de los antiguos poblamientos o concejos aparecen en torno al año 1000. Así, la iglesia de Santa Águeda de Barcena Mayor aparece, en el siglo IX, sometida al señorío eclesiástico de Santa María de Yermo, y se incorpora en 1168 al monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña a través de una donación de Alfonso VIII.
Los Tojos formó su propio concejo, en el límite con la tierra de Campoo. Sus labradores eran gente de behetría, que escogían libremente a su señor. Sin embargo, acabaron, al igual que todo el resto del valle de Cabuérniga, bajo el dominio del señorío de la Casa de la Vega, como consta en el Apeo de 1404 y en la organización de la administración señorial que aquel mismo año hizo el almirante Diego Hurtado de Mendoza, señor de la Vega.
En 1444 Juan II consolidó la vinculación del valle al señorío de los Vega-Mendoza, duques del Infantado, aún cuando la resistencia antiseñorial se había entablado con anterioridad, generando el llamado Pleito Viejo o Pleito de los Nueve Valles. Con la resolución definitiva de éste, Los Tojos recuperó su condición realenga y las gentes de estas aldeas pasaron, al igual que las del resto del valle, a integrar la Provincia de los Nueve Valles, cuyas juntas se celebraron en Puente San Miguel.
Por aquellas fechas, en 1517, Laurent Vital, ayuda de cámara belga de Carlos V, narra el paso del emperador por Los Tojos, tras desembarcar en la aldea de Tazones, cerca de Villaviciosa (Asturias), procedente de Flandes, para hacerse cargo de su corona. Iba camino de Castilla, presumiblemente siguiendo el itinerario de la vía de comunicación de origen romano que, desde el inicio de la Reconquista, pasó a conocerse como la ruta de los foramontanos. Cuenta Vital que se vieron en necesidad de pernoctar en la aldea, mas, no hallando casa apropiada para ello, levantaron tiendas y pabellones en una hermosa pradera. Al poco, una tormenta huracanada a punto estuvo de llevarse por los aires el campamento entero, y a toda prisa tuvieron que acondicionar una socarreña, con los tapices y colgaduras, para armar en ella de nuevo la cama real.
En el año 1822 se formó el primer ayuntamiento constitucional del territorio, llamado Correpoco, y que incluía las entidades de población de Viaña, Correpoco, Los Tojos y Bárcena Mayor. En 1835, el término municipal adoptó ya el nombre y los límites actuales, pasando del partido judicial de Puentenansa al de Cabuérniga, donde se mantuvo hasta hace más de 45 años, momento en que se integró en el de Torrelavega.
Del patrimonio arquitectónico religioso de Los Tojos cabe reseñar las iglesias de San Juan Bautista de Correpoco, San Miguel de El Tojo, San Miguel de Los Tojos, Santa Águeda de Saja, Santa María de Bárcena Mayor y la antigua iglesia de la desaparecida localidad de Colsa. San Juan Bautista de Correpoco, levantada en el siglo XVI, con planta rectangular de una sola nave y cubierta a dos aguas. El hastial occidental se corona con una espadaña de doble tronera, rematada con frontón triangular en el que se sitúa otro vano en arco de medio punto sobre el que aparece una cruz de piedra. En el interior es de destacar en particular el artesonado de madera de la capilla mayor, así como varios retablos del siglo XVIII.
San Miguel de El Tojo se construyó la iglesia parroquial de El Tojo, en el siglo XVI, con planta rectangular de una sola nave y ábside cuadrado, de mayor altura, con cubierta a cuatro aguas. Presenta una espadaña muy sencilla y cubierta de madera en el interior. Alberga un retablo compuesto por dos piezas del XVII, la inferior, y del XVIII, la superior. San Miguel de Los Tojos fue edificada a finales del siglo XVI o principios del XVII. Es de planta rectangular, con una sola nave y ábside cuadrado que se cubre con bóveda de crucería. La espadaña, de doble tronera, se sitúa sobre el hastial oeste. Su retablo barroco está datado en el siglo XVIII.
Santa Águeda en Saja fue alzada en el siglo XVII; es un templo de una nave con capilla mayor, cubierta por de armadura de madera. Santa María en Bárcena Mayor. Fue erigida en el siglo XVII y reformada en 1772. Presenta un ábside cuadrado y dos naves de dos tramos que en el interior se cubren con bóvedas de crucería, además de una torre prismática de tres alturas. La fábrica es de mampostería con sillares en los esquinales. En su interior destaca el retablo del XVIII. Por último, la iglesia de Colsa es un templo de una nave, custodiaba un tabernáculo ochavado fechado hacia 1640 (en la actualidad en el Museo Diocesano de Santillana del Mar), en una capilla conserva dos escudos de la familia de los Ríos, uno de ellos fecha la obra en el año 1702.
Existen también en el municipio algunos humilladeros, son de reseñar una cruz de piedra con el Cristo y las ánimas del purgatorio en el pedestal que hay junto a la fuente de Correpoco o un asubiadero que contiene un calvario de piedra mutilado junto al camino que, desde el mismo pueblo, sube hacia el monte.
Los mayores exponentes del valor del Parque Natural del Saja-Besaya son su flora y su fauna. Pueden verse en él algunas de las muestras más representativas del bosque atlántico en Cantabria, combinadas fundamentalmente con pastizales y matorrales.
En las zonas más humanizadas, cerca de los núcleos de población, es donde se desarrollan las praderas y prados de siega. Están dominados por gramíneas y leguminosas forrajeras, como vallico, fleo, dactilo, avena rubia y trébol blanco. A modo de separación entre prados o bordeando los caminos aparecen setos de arbustos, como zarzamoras, espinos, saúcos, endrinos o salces, y árboles como robles, castaños, nogales, fresnos y varios frutales.
En algunas de las zonas más altas del municipio pueden verse pastizales invadidos por argomas o escajos, brezos de varias especies y, en ocasiones, helechos. A veces están acompañados de piornales y escobales, o de manchas de arándano o ráspano. Es un ecosistema que se mantiene artificialmente, en aras a los intereses ganaderos, mediante quemas periódicas, lo que evita la regeneración de la masa boscosa y provoca una progresiva pérdida edáfica.
Sin embargo, el ecosistema más abundante e interesante del municipio es el boscoso, de robledales que, en las zonas más umbrías y neblinosas, dan paso a hayedos. Los robledales, generalmente de roble común o cajiga, suelen ir acompañados de un amplio cortejo de árboles y arbustos, como castaños, fresnos, arces, tilos, avellanos, acebos, olmos de montaña, manzanos y perales silvestres, además de plantas trepadoras, como la madreselva y la hiedra, y herbáceas. Destaca, por su extensión, el robledal de Bárcena Mayor.
Los hayedos más significativos están en la zona de Saja y también cerca del núcleo de Bárcena Mayor. La elevada densidad de la hojarasca de las hayas crea una gran sombra que hace que muy pocas especies crezcan en su sotobosque. Pese a ello, en los bordes y claros de estas masas forestales, pueden aparecer serbales, mostajos, acebos, arándanos y, sobre todo, abedules. En el estrato herbáceo predominan los helechos, pero aparecen también algunas orquídeas y liliáceas.
La fauna que habita en el municipio se distribuye, en gran medida, en función de las formaciones vegetales. Así, en las praderas de las zonas más bajas y humanizadas y los matorrales de los alrededores viven numerosos reptiles, como las lagartijas roquera e ibérica, lagartos, luciones, eslizones, víboras y las culebras lisa, viperina y collarina.
Entre los mamíferos destacan las ginetas, tejones, comadrejas, garduñas y armiños, todos ellos muy difíciles de ver por sus hábitos nocturnos y su facilidad para esconderse, al igual que ocurre con el erizo. También habitan las campiñas varios micromamíferos, como musarañas, musgaños y topillos.
La generosa pluviosidad de la zona da lugar a la existencia de muchas charcas, lagunas y manantiales, que junto con los abrevaderos, propician la presencia de los tritones palmeado, alpestre y jaspeado y del sapo común, la rana bermeja y la salamandra.
El bosque es el espacio que mayor importancia faunística posee, destacando, tanto por su tamaño como por su valor cinegético, el corzo, el venado y el jabalí. Los carnívoros de tamaño mediano que habitan este espacio son lobos, zorros, gatos monteses, martas, garduñas, tejones y ginetas. Entre los roedores pueden verse ardillas, lirones gris y careto, ratones leonado y de campo, topillos rojos y musarañas. Son de destacar, por último, entre los pobladores, ya esporádicos, de estos bosques, algunas especies en peligro de extinción, como es el caso del oso y el urogallo.
Además, un sinfín de aves sobrevuelan y anidan en el territorio municipal, que, al norte, forma parte de la zona de especial protección de aves de las Sierras del Cordel y cabeceras del Saja y Nansa. En la campiña destacan rapaces como los milanos, ratoneros, alcotanes, cernícalos, lechuzas y mochuelos, y córvidos como las cornejas, cuervos y urracas, además de multitud de pequeños pájaros. En el interior del bosque hay otras especies de rapaces: azor, gavilán, águila, halcón, cárabo y búho.
Su valor está en ser un grupo muy homogéneo de arquitectura rural en buenas condiciones de conservación (casas, lavadero, cuadras, socarreñas, hornos de pan... ).
Como elementos constructivos destacan la madera, el sillarejo y la teja. En la actualidad recibe gran afluencia de visitantes a lo largo del año. Para visitarla es preciso estacionar el vehículo en el aparcamiento construido a la entrada, pues el paso sólo está permitido a los residentes. No obstante es de agradecer, pues pasear por sus empedradas calles observando con detalle fachadas, solanas y escudos, así como elementos bien conservados como lavaderos, cuadras, socarreñas, hornos de pan… es una experiencia difícil de olvidar.
Situado en la comarca del Saja y en el término municipal de Los Tojos, a 62 Km. de Santander, conecta el valle de Cabuérniga y la comarca del Saja.
Bárcena Mayor se encuentra al pie del río Argoza, primer afluente importante del Saja. Esta aldea es el caserío mejor conservado del municipio ( así como uno de los mejores de Cantabria ) y el ejemplo más singular y casi milagroso de lo que fueron nuestros pueblos serranos en otro tiempo. Fue posiblemente enclave visigodo y foramontano y por tanto, es uno de los pueblos más viejos de Cantabria.
Pueblo de ganaderos y pastores, tuvo también una industria casera en la fabricación de aperos de madera ( carros, bieldos, arados, etc... ) que exportaban a Castilla. Se sabe que en el siglo XII ya contaba con un hospital para atender a las gentes que hacían la ruta hacia Castilla para repoblarla. Sus calles estrechas y empedradas se bordean de casucas humildes, pero llenas de un sabor rural muy viejo y hermoso.
Solanas casi desvencijadas con enormes tejaroces, socarreñas enmarcadas con gruesas y toscas vigas, muros pobres de mampostería, hornos de pan... En las cuadras se vislumbran vacas tudancas y cabras negruzcas.
La iglesia está en el centro del pueblo, es humilde, del siglo XVII. Todavía puede oírse el choque de la albarca sobre el empedrado de las callejuelas. Puede uno asomarse al puente, que salva el Argoza, para ver el agua limpia y transparente de este río. Más allá están los montes de robles, hayas y abedules que forman el incomparable paraje de la Reserva del Saja, habitan especies protegidas como el urogallo y el oso.
La piedra y la madera, tan abundante y rica en la zona, se funden en una creación sobria, repleta de historia y colmada de encanto.
Atravesando el pueblo y siguiendo un camino, a un kilómetro, llegamos a un área de descanso y acampada conocida como "Llano Castrillo", junto al río Argorza.
Para estrechar el contacto con la naturaleza, recomendamos recorrer desde aquí el sendero de Fuente Clara (un magnífico itinerario de 15 kilómetros de longitud).
La gastronomía de la zona se basa en el cocido montañés, la caza mayor y los peces de sus ríos.
En todo el valle trabajos en madera de haya, castaño y avellano, realizándose abarcas (zuecos) o jermosos (recipientes para la leche) en Bárcena Mayor.
Habitan especies protegidas como el urogallo y el oso.
El municipio de Los Tojos, con una superficie de 90 km2, se sitúa en la parte alta del valle del Saja, río al que presta su nombre uno de los pueblos del término. Limita con Ruente y Cabuérniga por el norte y noroeste; con la Mancomunidad de Campoo-Cabuérniga por el suroeste; con la Hermandad de Campoo de Suso por el sur; y con Bárcena de Pie de Concha y Arenas de Iguña por el este. Los 424 habitantes con que cuenta se distribuyen en cinco núcleos de población: Bárcena Mayor, Correpoco, Saja, El Tojo y Los Tojos.
En 1998 se creó el Parque Natural Saja-Besaya, ocupando 24.500 ha, con el objetivo de preservar los valores ecológicos y naturales de las cuencas medias y altas de estos dos ríos. La mayoría del territorio del municipio de Los Tojos forma parte de él, siendo Bárcena Mayor el único núcleo poblacional incluido dentro de sus límites. La gran riqueza faunística del término ha supuesto que este enclave pertenezca también a la Reserva Nacional de Caza de Saja y, en parte, a la Zona de Especial Protección de Aves de las sierras del Cordel y cabeceras del Saja y Nansa.
A pesar de la marcada tradición ganadera de la zona, hoy en día la mayor fuente de riqueza del municipio es el turismo, atraído, además de por los valores naturales, culturales y patrimoniales, por una gastronomía que basa sus platos en recetas de caza.
En época romana, el territorio del municipio de Los Tojos se encontraba en zona de paso de una de las vías secundarias de comunicación que conectaba el valle de Campoo con el de Saja por el collado de Somahoz y el puerto de Palombera, ramificándose antes de llegar a Valle, capital del municipio de Cabuérniga, para llegar al Portus Vereasueca (San Vicente de la Barquera) y al Portus Blendium (Suances). Posiblemente la vía contase con dos ramales, uno que ascendía pasando por el núcleo de Los Tojos y el otro por el de Bárcena Mayor.
En la Alta Edad Media, se ubicaban aquí los tres concejos más meridionales de los diez que formaban el valle de Cabuérniga (o Kaornega en la documentación de la época), uno de los de la Merindad de las Asturias de Santillana.
Si bien algunos documentos altomedievales hablan de las gentes de este lugar como repobladoras de Castilla, las citas más antiguas sobre los centros religiosos, iglesias y ermitas de los antiguos poblamientos o concejos aparecen en torno al año 1000. Así, la iglesia de Santa Águeda de Barcena Mayor aparece, en el siglo IX, sometida al señorío eclesiástico de Santa María de Yermo, y se incorpora en 1168 al monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña a través de una donación de Alfonso VIII.
Los Tojos formó su propio concejo, en el límite con la tierra de Campoo. Sus labradores eran gente de behetría, que escogían libremente a su señor. Sin embargo, acabaron, al igual que todo el resto del valle de Cabuérniga, bajo el dominio del señorío de la Casa de la Vega, como consta en el Apeo de 1404 y en la organización de la administración señorial que aquel mismo año hizo el almirante Diego Hurtado de Mendoza, señor de la Vega.
En 1444 Juan II consolidó la vinculación del valle al señorío de los Vega-Mendoza, duques del Infantado, aún cuando la resistencia antiseñorial se había entablado con anterioridad, generando el llamado Pleito Viejo o Pleito de los Nueve Valles. Con la resolución definitiva de éste, Los Tojos recuperó su condición realenga y las gentes de estas aldeas pasaron, al igual que las del resto del valle, a integrar la Provincia de los Nueve Valles, cuyas juntas se celebraron en Puente San Miguel.
Por aquellas fechas, en 1517, Laurent Vital, ayuda de cámara belga de Carlos V, narra el paso del emperador por Los Tojos, tras desembarcar en la aldea de Tazones, cerca de Villaviciosa (Asturias), procedente de Flandes, para hacerse cargo de su corona. Iba camino de Castilla, presumiblemente siguiendo el itinerario de la vía de comunicación de origen romano que, desde el inicio de la Reconquista, pasó a conocerse como la ruta de los foramontanos. Cuenta Vital que se vieron en necesidad de pernoctar en la aldea, mas, no hallando casa apropiada para ello, levantaron tiendas y pabellones en una hermosa pradera. Al poco, una tormenta huracanada a punto estuvo de llevarse por los aires el campamento entero, y a toda prisa tuvieron que acondicionar una socarreña, con los tapices y colgaduras, para armar en ella de nuevo la cama real.
En el año 1822 se formó el primer ayuntamiento constitucional del territorio, llamado Correpoco, y que incluía las entidades de población de Viaña, Correpoco, Los Tojos y Bárcena Mayor. En 1835, el término municipal adoptó ya el nombre y los límites actuales, pasando del partido judicial de Puentenansa al de Cabuérniga, donde se mantuvo hasta hace más de 45 años, momento en que se integró en el de Torrelavega.
Del patrimonio arquitectónico religioso de Los Tojos cabe reseñar las iglesias de San Juan Bautista de Correpoco, San Miguel de El Tojo, San Miguel de Los Tojos, Santa Águeda de Saja, Santa María de Bárcena Mayor y la antigua iglesia de la desaparecida localidad de Colsa. San Juan Bautista de Correpoco, levantada en el siglo XVI, con planta rectangular de una sola nave y cubierta a dos aguas. El hastial occidental se corona con una espadaña de doble tronera, rematada con frontón triangular en el que se sitúa otro vano en arco de medio punto sobre el que aparece una cruz de piedra. En el interior es de destacar en particular el artesonado de madera de la capilla mayor, así como varios retablos del siglo XVIII.
San Miguel de El Tojo se construyó la iglesia parroquial de El Tojo, en el siglo XVI, con planta rectangular de una sola nave y ábside cuadrado, de mayor altura, con cubierta a cuatro aguas. Presenta una espadaña muy sencilla y cubierta de madera en el interior. Alberga un retablo compuesto por dos piezas del XVII, la inferior, y del XVIII, la superior. San Miguel de Los Tojos fue edificada a finales del siglo XVI o principios del XVII. Es de planta rectangular, con una sola nave y ábside cuadrado que se cubre con bóveda de crucería. La espadaña, de doble tronera, se sitúa sobre el hastial oeste. Su retablo barroco está datado en el siglo XVIII.
Santa Águeda en Saja fue alzada en el siglo XVII; es un templo de una nave con capilla mayor, cubierta por de armadura de madera. Santa María en Bárcena Mayor. Fue erigida en el siglo XVII y reformada en 1772. Presenta un ábside cuadrado y dos naves de dos tramos que en el interior se cubren con bóvedas de crucería, además de una torre prismática de tres alturas. La fábrica es de mampostería con sillares en los esquinales. En su interior destaca el retablo del XVIII. Por último, la iglesia de Colsa es un templo de una nave, custodiaba un tabernáculo ochavado fechado hacia 1640 (en la actualidad en el Museo Diocesano de Santillana del Mar), en una capilla conserva dos escudos de la familia de los Ríos, uno de ellos fecha la obra en el año 1702.
Existen también en el municipio algunos humilladeros, son de reseñar una cruz de piedra con el Cristo y las ánimas del purgatorio en el pedestal que hay junto a la fuente de Correpoco o un asubiadero que contiene un calvario de piedra mutilado junto al camino que, desde el mismo pueblo, sube hacia el monte.
Los mayores exponentes del valor del Parque Natural del Saja-Besaya son su flora y su fauna. Pueden verse en él algunas de las muestras más representativas del bosque atlántico en Cantabria, combinadas fundamentalmente con pastizales y matorrales.
En las zonas más humanizadas, cerca de los núcleos de población, es donde se desarrollan las praderas y prados de siega. Están dominados por gramíneas y leguminosas forrajeras, como vallico, fleo, dactilo, avena rubia y trébol blanco. A modo de separación entre prados o bordeando los caminos aparecen setos de arbustos, como zarzamoras, espinos, saúcos, endrinos o salces, y árboles como robles, castaños, nogales, fresnos y varios frutales.
En algunas de las zonas más altas del municipio pueden verse pastizales invadidos por argomas o escajos, brezos de varias especies y, en ocasiones, helechos. A veces están acompañados de piornales y escobales, o de manchas de arándano o ráspano. Es un ecosistema que se mantiene artificialmente, en aras a los intereses ganaderos, mediante quemas periódicas, lo que evita la regeneración de la masa boscosa y provoca una progresiva pérdida edáfica.
Sin embargo, el ecosistema más abundante e interesante del municipio es el boscoso, de robledales que, en las zonas más umbrías y neblinosas, dan paso a hayedos. Los robledales, generalmente de roble común o cajiga, suelen ir acompañados de un amplio cortejo de árboles y arbustos, como castaños, fresnos, arces, tilos, avellanos, acebos, olmos de montaña, manzanos y perales silvestres, además de plantas trepadoras, como la madreselva y la hiedra, y herbáceas. Destaca, por su extensión, el robledal de Bárcena Mayor.
Los hayedos más significativos están en la zona de Saja y también cerca del núcleo de Bárcena Mayor. La elevada densidad de la hojarasca de las hayas crea una gran sombra que hace que muy pocas especies crezcan en su sotobosque. Pese a ello, en los bordes y claros de estas masas forestales, pueden aparecer serbales, mostajos, acebos, arándanos y, sobre todo, abedules. En el estrato herbáceo predominan los helechos, pero aparecen también algunas orquídeas y liliáceas.
La fauna que habita en el municipio se distribuye, en gran medida, en función de las formaciones vegetales. Así, en las praderas de las zonas más bajas y humanizadas y los matorrales de los alrededores viven numerosos reptiles, como las lagartijas roquera e ibérica, lagartos, luciones, eslizones, víboras y las culebras lisa, viperina y collarina.
Entre los mamíferos destacan las ginetas, tejones, comadrejas, garduñas y armiños, todos ellos muy difíciles de ver por sus hábitos nocturnos y su facilidad para esconderse, al igual que ocurre con el erizo. También habitan las campiñas varios micromamíferos, como musarañas, musgaños y topillos.
La generosa pluviosidad de la zona da lugar a la existencia de muchas charcas, lagunas y manantiales, que junto con los abrevaderos, propician la presencia de los tritones palmeado, alpestre y jaspeado y del sapo común, la rana bermeja y la salamandra.
El bosque es el espacio que mayor importancia faunística posee, destacando, tanto por su tamaño como por su valor cinegético, el corzo, el venado y el jabalí. Los carnívoros de tamaño mediano que habitan este espacio son lobos, zorros, gatos monteses, martas, garduñas, tejones y ginetas. Entre los roedores pueden verse ardillas, lirones gris y careto, ratones leonado y de campo, topillos rojos y musarañas. Son de destacar, por último, entre los pobladores, ya esporádicos, de estos bosques, algunas especies en peligro de extinción, como es el caso del oso y el urogallo.
Además, un sinfín de aves sobrevuelan y anidan en el territorio municipal, que, al norte, forma parte de la zona de especial protección de aves de las Sierras del Cordel y cabeceras del Saja y Nansa. En la campiña destacan rapaces como los milanos, ratoneros, alcotanes, cernícalos, lechuzas y mochuelos, y córvidos como las cornejas, cuervos y urracas, además de multitud de pequeños pájaros. En el interior del bosque hay otras especies de rapaces: azor, gavilán, águila, halcón, cárabo y búho.
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