Briviesca es la capital de La Bureba burgalesa, una extensa comarca situada al noreste de la provincia de Burgos, rica en paisajes, arte e historia.
La cabeza burebana es una bella ciudad asentada junto a la carretera Nacional 1 y el río Oca. Sus gentes han sabido cuidar con esmero sus edificios, casas solariegas y el trazado de sus amplias calles que se disponen con elegancia.
Además de su iglesia de San Martín, Iglesia de Santa María, Convento de Santa Clara y su ermita de Santa Casilda, monumentos que recuerdan los momentos de mayor esplendor de Briviesca, esta localidad es famosa por dos de sus fiestas: La Tabera y la Feria de los Novios.
Los habitantes de la primitiva Vivoresca se asentaron en el centro del cerro de San Juan hasta finales del siglo XIII o comienzos del XIV cuando bajaron a su emplazamiento actual.
A principios del siglo XIV la infanta doña Blanca, nieta de Alfonso X, construyó en Briviesca el alcázar y las murallas. Enrique II dio la villa a Pedro Fernández de Velasco en el año 1370 y en el 1378 se celebraron allí las cortes de Castilla, siendo rey Juan I. Es a partir de esa época cuando Briviesca alcanza su máximo esplendor.
En una visita por las calles de Briviesca, no se puede dejar pasar el convento de Santa Clara, fundado a principios del siglo XVI por doña Mencía de Velasco. En la capilla del cenobio se guarda un espléndido retablo tallado por el mirandés Pedro López Gámiz.
Cerca del convento, en la rectangular y portificada Plaza Mayor, se levanta en uno de sus lados la iglesia de San Martín rodeada por vetustas casonas blasonadas con escudos que nos hablan del brillante pasado de Briviesca. Junto a ellas la iglesia de Santa María.
La nota dulce de la villa de Briviesca la ponen las populares almendras garrapiñadas que, realizadas de forma artesanal, se venden en cualquiera de las confiterías que salpican la plaza mayor y calles adyacentes.
Muy cerca, y en su mismo término municipal, se encuentra el Santuario de Santa Casilda al que se puede acceder en coche. En el pequeño templo descansan los restos de esta santa que, según la leyenda, fue una princesa mora nacida en Toledo, hija del sultán Al-Mamún, que, apenada por los malos tratos de los que eran objeto los cristianos cautivos, acudía a socorrerlos aliviando su hambre y sus heridas.
Llena de melancolía, la princesa acabó refugiándose junto a los lagos de San Vicente donde vivió retirada hasta su muerte.
Los numerosos exvotos que se guardan en el interior del santuario proclaman que, aún hoy, sigue regalando sus bondades a quienes se acercan a las milagrosas aguas de los lagos de San Vicente.
La cabeza burebana es una bella ciudad asentada junto a la carretera Nacional 1 y el río Oca. Sus gentes han sabido cuidar con esmero sus edificios, casas solariegas y el trazado de sus amplias calles que se disponen con elegancia.
Además de su iglesia de San Martín, Iglesia de Santa María, Convento de Santa Clara y su ermita de Santa Casilda, monumentos que recuerdan los momentos de mayor esplendor de Briviesca, esta localidad es famosa por dos de sus fiestas: La Tabera y la Feria de los Novios.
Los habitantes de la primitiva Vivoresca se asentaron en el centro del cerro de San Juan hasta finales del siglo XIII o comienzos del XIV cuando bajaron a su emplazamiento actual.
A principios del siglo XIV la infanta doña Blanca, nieta de Alfonso X, construyó en Briviesca el alcázar y las murallas. Enrique II dio la villa a Pedro Fernández de Velasco en el año 1370 y en el 1378 se celebraron allí las cortes de Castilla, siendo rey Juan I. Es a partir de esa época cuando Briviesca alcanza su máximo esplendor.
En una visita por las calles de Briviesca, no se puede dejar pasar el convento de Santa Clara, fundado a principios del siglo XVI por doña Mencía de Velasco. En la capilla del cenobio se guarda un espléndido retablo tallado por el mirandés Pedro López Gámiz.
Cerca del convento, en la rectangular y portificada Plaza Mayor, se levanta en uno de sus lados la iglesia de San Martín rodeada por vetustas casonas blasonadas con escudos que nos hablan del brillante pasado de Briviesca. Junto a ellas la iglesia de Santa María.
La nota dulce de la villa de Briviesca la ponen las populares almendras garrapiñadas que, realizadas de forma artesanal, se venden en cualquiera de las confiterías que salpican la plaza mayor y calles adyacentes.
Muy cerca, y en su mismo término municipal, se encuentra el Santuario de Santa Casilda al que se puede acceder en coche. En el pequeño templo descansan los restos de esta santa que, según la leyenda, fue una princesa mora nacida en Toledo, hija del sultán Al-Mamún, que, apenada por los malos tratos de los que eran objeto los cristianos cautivos, acudía a socorrerlos aliviando su hambre y sus heridas.
Llena de melancolía, la princesa acabó refugiándose junto a los lagos de San Vicente donde vivió retirada hasta su muerte.
Los numerosos exvotos que se guardan en el interior del santuario proclaman que, aún hoy, sigue regalando sus bondades a quienes se acercan a las milagrosas aguas de los lagos de San Vicente.
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