El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se encuentra en El Valle de Ordesa, uno de los lugares más bellos y conocidos del Pirineo. Huesca. Aragón.
Sus formas son únicas en toda la cordillera, ya que no es perpendicular sino paralelo a ésta. Fue creado Parque Nacional el 16 de agosto de 1918. Consta de 15.068 hectáreas e incluye un macizo montañoso denominado Monte Perdido con 3.355 metros.
En el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido podemos distinguir entre cuatro partes:
Valle de Ordesa.
Cañón de Añisclo.
Garganta de Escuaín y afluentes del Yaga.
Valle de Pineta.
Su río el Arazas tiene unos desniveles muy acusados que originan una gran cantidad de cascadas:
"La Cola de Caballo" 1.887 m.
"Gradas de Soaso" 1.823 m.
"Cascada del Estrecho" 1.480 m.
hasta llegar a desembocar al río Ara, junto al Puente de los Navarros.
Este parque nacional guarda los paisajes más espectaculares del Pirineo: Lagos, cascadas, circos, glaciares y una fauna y flora abundante y sorprendente.
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y sus alrededores:
La cumbre de Los Treserols - el Monte Perdido - corona toda la unidad geográfica del macizo, sus recursos naturales y la historia de su ocupación humana; se ha constituido así en su entorno, apoyado en su original diversidad, un auténtico país.
Dicha unidad, consolidada a través de las edades, limitada por el espacio geológico, agrega a lo indicado, la calidad de sus atractivos estéticos singulares y recursos naturales, los que ya tan sólo por sus propios valores, merecen una inscripción en la lista del Patrimonio Mundial de UNESCO.
En la contemplación de nuestro paisaje cotidiano, la costumbre (producto de la pereza), corroe en muchos de nosotros la sensibilidad compañera de la sorpresa, privándonos así de la emoción, del placer propiamente dicho, aportado por los encantos o la grandeza de nuestro entorno. En la montaña, nuestras miradas padecen menos de ese cansancio, a causa de las variaciones estacionales y el sucesivo esencadenamiento de sus efectos, dibujando y pintando una serie cambiante a ritmo siquiera de las estaciones.
No es de extrañar así el singular apego de la población de montaña a su país; apego que se apoya en el sucesivo cambio aportado por el transcurso de los días. Alrededor de su Monte Perdido, el autóctono montano, ora visitando a sus primos, ora a sus vecinos, descubre una densa variedad de paisajes, cuyo contraste subraya e intensifica la magnificencia de cada uno. Sin duda, en Gavarnie, Ordesa, Estaubé, Añisclo, Roumouse y Pineta, la naturaleza es suntuosa en dicha diversidad.
En Gavarnie, un orden majestuoso acoge un paisaje monumental que rompe súbitamente todo el horizonte, pero sin oscurecerlo: así enorme variedad y fantasía de la naturaleza -hielos, cornisas nevadas, cascadas luminosas felizmente lo atenúan.
Ordesa, donde las oscuras libreas de los pinares, animan los tonos ocre de la larga perspectiva de desfiladeros audaces, sirven de marco a las riberas del Arazas, el fogoso torrente circulando por su fondo, donde el aire y el sol del sur eligen ya otras formas, otros colores y otros árboles. En Estaubé, más allá de sus amplias y ricas praderas, aparecen notas de agudas crestas, rematando finalmente en la corona nevada del señor de esos parajes, nunca mejor denominado Monte Perdido.
El estrecho cañón de Añisclo, tan secreto, tan dionisíaco, donde la vegetación se embriaga con locura de vértigos y nieblas evadidas del torrente.
Troumouse, más amplio todavía que Gavarnie, abrazando en circo casi perfecto, con sus miembros pétreos, un inmenso haz de pastos.
Pineta, que a ritmo de sus verticales baluartes, desarrolla la calculada amplitud de su prestigiosa avenida abierta a levante. Sus bosques, sus bellos pastos colgantes, cual jardines babilónicos, en cuanto se enciende la aurora, recogen las primeras luces de la mañana que fluyen reflejadas en la cúpula lejana del Monte Perdido.
Sin olvidar el árido y punzante esplendor del lapiaz de las altas mesetas, donde al lado de minúsculos oasis de verde hierba sobre loess, transcurren las calientes horas de un cielo aragonés y la insólita profundidad del lago de Marboré, que mantiene sus "icebergs" flotantes y refleja al mismo tiempo, la imágen de los últimos jirones de la ladera norte del Monte Perdido, rodeado de un mundo de gleras y canchales.
Accesos al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
Se accede desde Torla a 10 km. Se accederá por N-330 y N-260 desde Sabiñánigo y Biescas por el puerto de Cotefablo, o por N-260 desde Aínsa y Boltaña, llegando a Broto.
Excusiones a pìe más comunes dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido:
Pradera - Senda de los Cazadores - Faja de Pelay - Soaso - Pradera:
Se inicia junto al río Arazas en el aparcamiento, trás atravesar la Senda de los Cazadores, alcanzamos el mirador del Calcilarruego, desde aquí recorriendo la Faja Pelay, llegamos al Circo de Soaso. Trás este contemplaremos la Cola de Caballo.
Cotatuero:
Iniciamos en el aparcamiento y, al llegar a la Virgen, desviarse según el indicador. El paso por las clavijas permite llegar a Tobacor, Fracuata, Descargador, refugio de Góriz,...
Bujaruelo:
Se inicia en el Puente de los Navarros. Trás caminar unos kilómetros llegamos a la amplitud del valle, desde donde contemplaremos las ruinas románicas de San Nicolás de Bujaruelo. Después podemos continuar hacia la izquierda, dirección ribera de Otal o hacia la derecha, al valle de Ordisco.
Corriata - Cotatuero - Bosque de Hayas - Pradera:
El camino se inicia en la casa de Oliván, una vez atravesado el bosque llegamos al circo de Carriata. Desviándonos hacia la derecha y atavesando una senda debajo de la Fraucata, llegaremos al bosque de hayas, llegando de esta forma al aparcamiento.
Circo de Carriata - Faja de las flores - Circo de Cotatuero:
Se inicia el camino al final de la carretera donde un cartel nos indicará la dirección a tomar. El camino conduce al pie de las clavijas de Salarons. Desde este punto se puede alcanzar en 30 minutos el Tozal del Mallo. Desde el final de las clavijas, siguiendo el camino que se dirige a la Brecha de Rolando descubriremos la Faja de las Flores. El descenso debe realizarse ayudados por las clavijas. En la base se encuentra el camino que dirige hacia el aparcamiento en 1h. 30m. desde Cotatuero.
Sus formas son únicas en toda la cordillera, ya que no es perpendicular sino paralelo a ésta. Fue creado Parque Nacional el 16 de agosto de 1918. Consta de 15.068 hectáreas e incluye un macizo montañoso denominado Monte Perdido con 3.355 metros.
En el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido podemos distinguir entre cuatro partes:
Valle de Ordesa.
Cañón de Añisclo.
Garganta de Escuaín y afluentes del Yaga.
Valle de Pineta.
Su río el Arazas tiene unos desniveles muy acusados que originan una gran cantidad de cascadas:
"La Cola de Caballo" 1.887 m.
"Gradas de Soaso" 1.823 m.
"Cascada del Estrecho" 1.480 m.
hasta llegar a desembocar al río Ara, junto al Puente de los Navarros.
Este parque nacional guarda los paisajes más espectaculares del Pirineo: Lagos, cascadas, circos, glaciares y una fauna y flora abundante y sorprendente.
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y sus alrededores:
La cumbre de Los Treserols - el Monte Perdido - corona toda la unidad geográfica del macizo, sus recursos naturales y la historia de su ocupación humana; se ha constituido así en su entorno, apoyado en su original diversidad, un auténtico país.
Dicha unidad, consolidada a través de las edades, limitada por el espacio geológico, agrega a lo indicado, la calidad de sus atractivos estéticos singulares y recursos naturales, los que ya tan sólo por sus propios valores, merecen una inscripción en la lista del Patrimonio Mundial de UNESCO.
En la contemplación de nuestro paisaje cotidiano, la costumbre (producto de la pereza), corroe en muchos de nosotros la sensibilidad compañera de la sorpresa, privándonos así de la emoción, del placer propiamente dicho, aportado por los encantos o la grandeza de nuestro entorno. En la montaña, nuestras miradas padecen menos de ese cansancio, a causa de las variaciones estacionales y el sucesivo esencadenamiento de sus efectos, dibujando y pintando una serie cambiante a ritmo siquiera de las estaciones.
No es de extrañar así el singular apego de la población de montaña a su país; apego que se apoya en el sucesivo cambio aportado por el transcurso de los días. Alrededor de su Monte Perdido, el autóctono montano, ora visitando a sus primos, ora a sus vecinos, descubre una densa variedad de paisajes, cuyo contraste subraya e intensifica la magnificencia de cada uno. Sin duda, en Gavarnie, Ordesa, Estaubé, Añisclo, Roumouse y Pineta, la naturaleza es suntuosa en dicha diversidad.
En Gavarnie, un orden majestuoso acoge un paisaje monumental que rompe súbitamente todo el horizonte, pero sin oscurecerlo: así enorme variedad y fantasía de la naturaleza -hielos, cornisas nevadas, cascadas luminosas felizmente lo atenúan.
Ordesa, donde las oscuras libreas de los pinares, animan los tonos ocre de la larga perspectiva de desfiladeros audaces, sirven de marco a las riberas del Arazas, el fogoso torrente circulando por su fondo, donde el aire y el sol del sur eligen ya otras formas, otros colores y otros árboles. En Estaubé, más allá de sus amplias y ricas praderas, aparecen notas de agudas crestas, rematando finalmente en la corona nevada del señor de esos parajes, nunca mejor denominado Monte Perdido.
El estrecho cañón de Añisclo, tan secreto, tan dionisíaco, donde la vegetación se embriaga con locura de vértigos y nieblas evadidas del torrente.
Troumouse, más amplio todavía que Gavarnie, abrazando en circo casi perfecto, con sus miembros pétreos, un inmenso haz de pastos.
Pineta, que a ritmo de sus verticales baluartes, desarrolla la calculada amplitud de su prestigiosa avenida abierta a levante. Sus bosques, sus bellos pastos colgantes, cual jardines babilónicos, en cuanto se enciende la aurora, recogen las primeras luces de la mañana que fluyen reflejadas en la cúpula lejana del Monte Perdido.
Sin olvidar el árido y punzante esplendor del lapiaz de las altas mesetas, donde al lado de minúsculos oasis de verde hierba sobre loess, transcurren las calientes horas de un cielo aragonés y la insólita profundidad del lago de Marboré, que mantiene sus "icebergs" flotantes y refleja al mismo tiempo, la imágen de los últimos jirones de la ladera norte del Monte Perdido, rodeado de un mundo de gleras y canchales.
Accesos al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
Se accede desde Torla a 10 km. Se accederá por N-330 y N-260 desde Sabiñánigo y Biescas por el puerto de Cotefablo, o por N-260 desde Aínsa y Boltaña, llegando a Broto.
Excusiones a pìe más comunes dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido:
Pradera - Senda de los Cazadores - Faja de Pelay - Soaso - Pradera:
Se inicia junto al río Arazas en el aparcamiento, trás atravesar la Senda de los Cazadores, alcanzamos el mirador del Calcilarruego, desde aquí recorriendo la Faja Pelay, llegamos al Circo de Soaso. Trás este contemplaremos la Cola de Caballo.
Cotatuero:
Iniciamos en el aparcamiento y, al llegar a la Virgen, desviarse según el indicador. El paso por las clavijas permite llegar a Tobacor, Fracuata, Descargador, refugio de Góriz,...
Bujaruelo:
Se inicia en el Puente de los Navarros. Trás caminar unos kilómetros llegamos a la amplitud del valle, desde donde contemplaremos las ruinas románicas de San Nicolás de Bujaruelo. Después podemos continuar hacia la izquierda, dirección ribera de Otal o hacia la derecha, al valle de Ordisco.
Corriata - Cotatuero - Bosque de Hayas - Pradera:
El camino se inicia en la casa de Oliván, una vez atravesado el bosque llegamos al circo de Carriata. Desviándonos hacia la derecha y atavesando una senda debajo de la Fraucata, llegaremos al bosque de hayas, llegando de esta forma al aparcamiento.
Circo de Carriata - Faja de las flores - Circo de Cotatuero:
Se inicia el camino al final de la carretera donde un cartel nos indicará la dirección a tomar. El camino conduce al pie de las clavijas de Salarons. Desde este punto se puede alcanzar en 30 minutos el Tozal del Mallo. Desde el final de las clavijas, siguiendo el camino que se dirige a la Brecha de Rolando descubriremos la Faja de las Flores. El descenso debe realizarse ayudados por las clavijas. En la base se encuentra el camino que dirige hacia el aparcamiento en 1h. 30m. desde Cotatuero.
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Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
Plaza Cervantes, 5 4ª plta.
E-22071 Huesca · Aragón.
Tel: 0034 974 24 33 61 - 0034 974 50 10 00
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