Las ruinas de la ciudad Vacceo - Romana de Pintia, están situadas entre los términos municipales de Padilla de Duero y Pesquera de Duero, en el extremo oriental de la provincia de Valladolid.
Es uno de los enclaves arqueológicos más emblemáticos del valle medio del Duero.
El núcleo principal de esta ciudad ocuparía una extensión de unas 25 ha, encontrándose rodeado por un sistema defensivo constituido por doble muralla de adobe y madera y foso.
Carralaceña: Un lugar de trabajo
En algún momento de la historia, los artesanos y alfareros se trasladarían del poblado de las Quintanas al otro lado del río, al lugar hoy llamado Carralaceña, en el término de Pesquera de Duero.
En la orilla opuesta del Duero justo enfrente del poblado de las Quintanas se sitúa el barrio artesanal alfarero. Estos ámbitos "especializados" serían segregados de los núcleos habitacionales para evitar los peligros y molestias que estas labores relacionadas con el fuego podrían ocasionar a los espacios domésticos.
Carralaceña contó, igualmente, con necrópolis propia, en la que presumiblemente se hicieran enterrar dichos artesanos.
En este enclave, se ha documentado el horno de cerámica de mayores dimensiones que se conoce, en esta época, en la Península Ibérica, con una cronología, en torno al cambio de era. Conserva el praefurnium, o entrada, dos cámaras de combustión separadas por un muro central que sustenta una amplia parrilla, a través de cuyas toberas se distribuiría el calor al laboratorio o cámara de cocción, actualmente desaparecida.
El estudio de esta estructura ha permitido conocer diversos aspectos sobre la tecnología cerámica vaccea, tales como la temperatura de cocción (800-900ºC), o los sucesivos acondicionamientos de que fue objeto esta construcción a lo largo del tiempo que se mantuvo en uso.
Las Quintanas: Un espacio habitado
El asentamiento de Las Quintanas constituye un magnífico ejemplo de las primeras ciudades de la meseta. Tiene su origen, probablemente, en torno al siglo IV a.C. Desde entonces, durante la etapa vaccea, sucesivas fases de destrucción violenta y reconstrucción se documentan hasta época sertoriana. La ciudad pervivió tras la conquista romana. El espacio donde actualmente se desarrollan las excavaciones fue ocupado con posterioridad (s. IV d.C.) por una necrópolis tardorromana, con actividad hasta la etapa visigoda (siglos VI-VII d.C.). Esta dilatada ocupación a lo largo de más de un milenio explica los cuatro metros de potencia estratigráfica atestiguados en algunos sectores del poblado.
Necrópolis de Las Ruedas: Un lugar para los muertos
El cementerio vacceo-romano de Pintia se sitúa a menos de un km. del núcleo habitacional, y fue usado como tal a lo largo de unos 600 años. Este lugar constituye, sIn duda, el espacio funerario más importante de este período cronológico, tanto por su excepcionalidad como por haber sido investigado mediante metodología arqueológica moderna.
El ritual funerario vacceo fue tripartito. Puede distinguirse uno normativo, consistente en la cremación del cadáver en una pira funeraria, aplicando a la generalidad de los individuos, de otros diferenciales para los guerreros muertos en combate (exposición a los buitres, según testimonios de Claudio Eliano o de las cerámicas figurativas de Numancia) o para los individuos infantiles menores de un año (inhumación bajo las viviendas).
En cuanto al ritual normativo los cuerpos de los fallecidos, junto a su ajuar personal, eran sometidos a la acción del fuego en el ustrinum. Una vez culminado este proceso los restos de la combustión eran recogidos, incluidos a veces en una urna cineraria, y trasladados luego al cementerio. Allí eran depositados en hoyos abiertos en el suelo junto a otras ofrendas (alimentos y bebidas contenidos en recipientes de cerámica, herramientas, etc.), para luego ser cubiertos por lajas calizas y tierra.
Una parte importante de las tumbas fueron señalizadas al exterior por grandes losas (traídas de la cima del Cerro de Pajares) configurando un singular paisaje funerario. Lamentablemente los trabajos agrícolas desarrollados en este pago han motivado la extracción incontrolada de estelas (hasta un total de 400), conllevando la destrucción de las tumbas que señalizaban y privando a la investigación actual su precisa contextualización arqueológica.
El estudio de la necrópolis posibilita la reconstrucción de la organización sociopolítica de estas gentes, ya que las diferencias observadas en la constitución de ajuares y ofrendas presente en cada una de las tumbas simboliza los distintos papeles que por edad, sexo o condición jugó la persona en la sociedad. Así, los guerreros eran acompañados en la muerte por sus armas (espadas, puñal, caetra, etc.) a diferencia de, por ejemplo, los artesanos, las mujeres vinculadas a la estirpe familiar, los campesinos, etc.
Es uno de los enclaves arqueológicos más emblemáticos del valle medio del Duero.
El núcleo principal de esta ciudad ocuparía una extensión de unas 25 ha, encontrándose rodeado por un sistema defensivo constituido por doble muralla de adobe y madera y foso.
Carralaceña: Un lugar de trabajo
En algún momento de la historia, los artesanos y alfareros se trasladarían del poblado de las Quintanas al otro lado del río, al lugar hoy llamado Carralaceña, en el término de Pesquera de Duero.
En la orilla opuesta del Duero justo enfrente del poblado de las Quintanas se sitúa el barrio artesanal alfarero. Estos ámbitos "especializados" serían segregados de los núcleos habitacionales para evitar los peligros y molestias que estas labores relacionadas con el fuego podrían ocasionar a los espacios domésticos.
Carralaceña contó, igualmente, con necrópolis propia, en la que presumiblemente se hicieran enterrar dichos artesanos.
En este enclave, se ha documentado el horno de cerámica de mayores dimensiones que se conoce, en esta época, en la Península Ibérica, con una cronología, en torno al cambio de era. Conserva el praefurnium, o entrada, dos cámaras de combustión separadas por un muro central que sustenta una amplia parrilla, a través de cuyas toberas se distribuiría el calor al laboratorio o cámara de cocción, actualmente desaparecida.
El estudio de esta estructura ha permitido conocer diversos aspectos sobre la tecnología cerámica vaccea, tales como la temperatura de cocción (800-900ºC), o los sucesivos acondicionamientos de que fue objeto esta construcción a lo largo del tiempo que se mantuvo en uso.
Las Quintanas: Un espacio habitado
El asentamiento de Las Quintanas constituye un magnífico ejemplo de las primeras ciudades de la meseta. Tiene su origen, probablemente, en torno al siglo IV a.C. Desde entonces, durante la etapa vaccea, sucesivas fases de destrucción violenta y reconstrucción se documentan hasta época sertoriana. La ciudad pervivió tras la conquista romana. El espacio donde actualmente se desarrollan las excavaciones fue ocupado con posterioridad (s. IV d.C.) por una necrópolis tardorromana, con actividad hasta la etapa visigoda (siglos VI-VII d.C.). Esta dilatada ocupación a lo largo de más de un milenio explica los cuatro metros de potencia estratigráfica atestiguados en algunos sectores del poblado.
Necrópolis de Las Ruedas: Un lugar para los muertos
El cementerio vacceo-romano de Pintia se sitúa a menos de un km. del núcleo habitacional, y fue usado como tal a lo largo de unos 600 años. Este lugar constituye, sIn duda, el espacio funerario más importante de este período cronológico, tanto por su excepcionalidad como por haber sido investigado mediante metodología arqueológica moderna.
El ritual funerario vacceo fue tripartito. Puede distinguirse uno normativo, consistente en la cremación del cadáver en una pira funeraria, aplicando a la generalidad de los individuos, de otros diferenciales para los guerreros muertos en combate (exposición a los buitres, según testimonios de Claudio Eliano o de las cerámicas figurativas de Numancia) o para los individuos infantiles menores de un año (inhumación bajo las viviendas).
En cuanto al ritual normativo los cuerpos de los fallecidos, junto a su ajuar personal, eran sometidos a la acción del fuego en el ustrinum. Una vez culminado este proceso los restos de la combustión eran recogidos, incluidos a veces en una urna cineraria, y trasladados luego al cementerio. Allí eran depositados en hoyos abiertos en el suelo junto a otras ofrendas (alimentos y bebidas contenidos en recipientes de cerámica, herramientas, etc.), para luego ser cubiertos por lajas calizas y tierra.
Una parte importante de las tumbas fueron señalizadas al exterior por grandes losas (traídas de la cima del Cerro de Pajares) configurando un singular paisaje funerario. Lamentablemente los trabajos agrícolas desarrollados en este pago han motivado la extracción incontrolada de estelas (hasta un total de 400), conllevando la destrucción de las tumbas que señalizaban y privando a la investigación actual su precisa contextualización arqueológica.
El estudio de la necrópolis posibilita la reconstrucción de la organización sociopolítica de estas gentes, ya que las diferencias observadas en la constitución de ajuares y ofrendas presente en cada una de las tumbas simboliza los distintos papeles que por edad, sexo o condición jugó la persona en la sociedad. Así, los guerreros eran acompañados en la muerte por sus armas (espadas, puñal, caetra, etc.) a diferencia de, por ejemplo, los artesanos, las mujeres vinculadas a la estirpe familiar, los campesinos, etc.
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Ruinas de la ciudad Vacceo Romana de Pintia
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